ADRIANA GIGENA «Yo entiendo que nos puede pasar que algún día necesitemos un órgano, pero nunca se puede obligar a alguien a hacerlo»

Días atrás ante un lamentable accidente de transito en nuestra ciudad, fallece en el Hospital Dr. Jaime Ferre de Rafaela, Omar Zabala.

Adriana Gigena, su señora quien lo acompañaba, ante este triste desenlace es convocada por los médicos, quienes le preguntan si donaba los órganos de su marido.

Una situación incomprensible ocurrió a partir de su negación a la donación de órganos, al respecto Adriana manifestó»Me llamaron para ver si el era donante, dos médicos de CUDAIO e INCUCAI, que son quienes dictaminan la muerte cerebral.  Siempre fui la que firme y toma decisiones en el hospital, pero al decirles que no, ya no pude hacer nada, ya no estaba autorizada, tenia que venir un familiar directo para decir que si. No nos querían entregar el cuerpo».

Continuo,  «Yo entiendo que nos puede pasar que algún día necesitemos un órgano, pero nunca se puede obligar a alguien a hacerlo. El nunca manifestó que lo quería donar».

Su sobrino, Guillermo Serrano Gigena, quien se encontraba acompañando a Adriana junto a otros familiares, expreso «La condición era la siguiente,  si mi tía firmaba la ablación de órganos, el cuerpo nos entregaban en media hora (13 hs). Si mi tía se oponía tenia que venir un familiar directo. No donando los órganos teníamos que esperar la visita de la Fiscal de San Cristobal que se daría el martes. Tuvimos que acudir al abogado de la familia, quien movió cielo y tierra, llamando a fiscales y a la comisaria de Rafaela, pidiendo colaboración a la Comisaria de acá, para que la Fiscal de la orden y se llegue el medico policial. Eso sucedió recién a las 19 hs, para que le entreguen el cuerpo a mi tía».

Adriana, completamente conmovida con todo lo sucedido, dijo «El dolor de sus amigos y familiares fue tremendo, porque nos retuvieron el cuerpo, lo agarron,  lo llevaron y lo tiraron como si fuera cualquier cosa.  A las tres de la tarde lo sacaron y lo pasaron por donde estábamos nosotros, abrieron una puerta y lo dejaron ahí. A las diez de la noche lo trajimos, tuvimos que velarlo a cajón cerrado».

 

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