En plena «crisis del campo» en el año 2008, el Senador nacional Carlos Reutemann tomó la estratégica decisión de apartarse del kirchnerismo, con quien llevaba una muy buena relación, para jugar decididamente a favor del sector agropecuario; «se jugó Senador eh», le dijimos: «por lo que te lo van a agradecer» (los del campo) pero bueno, es donde tengo que estar, sino me matan», nos respondió.  

Después de ver los resultados del domingo, el Ministro de la Producción y candidato a Diputado nacional Luis Contigiani bien podría suscribir la afirmación del «Lole» Reutemann: el sector al que el gobierno provincial asistió permanentemente le dio la espalda. Por ejemplo en la cuenca tambera, que aún aguarda los 250 millones de pesos prometidos por Ricardo Buryaile para los créditos de la emergencia hídrica (Lifschitz tuvo que comprometer 100 millones de pesos más de los 150 acordados para compensar el faltante nacional) arrasó Cambiemos.

El Gobernador se jugó la vida por SanCor en el discurso inaugural de las sesiones ordinarias legislativas el 1º de mayo último al señalar que «para los santafesinos SanCor no tiene precio». En cambio, desde el gobierno nacional condicionaron el apoyo económico (que aún no terminó de llegar) para SanCor a la «reestructuración» de la empresa (ergo, despido de miles de empleados) y flexibilización de las condiciones laborales (que el gremio Atilra se niega a seguir ampliando). En Sunchales ganó Cambiemos.

Podría el gobierno provincial enumerar mil y una acción realizada en pos de los sectores productivos afectados por las políticas de importación, aumento de costos internos; ni hablar del Norte provincial, pero sería aún más lacerante espiritualmente a la luz de los aterradores números del escrutinio del domingo pasado, con excepción del Depto San Cristóbal donde ganó el FPCyS.

El Gobernador dirá institucionalmente que hizo lo que tenía que hacer sin pensar en el rédito político; pero a nadie escapa que todos los que gobiernan lo hacen para obtener con sus acciones rédito político que debe efectivizarse el día de las elecciones en votos cantantes y sonantes.

¿Qué pasó el domingo entonces?. ¿Fueron los sectores activamente apoyados por el gobierno provincial desagradecidos con el mismo?. La respuesta es No. Lifschitz – Contigiani pagaron el duro tributo de la ingeniosa nacionalización de la elección propuesta por el gobierno central.

En cada escuela de la Provincia de Santa Fe – y de gran parte del país –  se votó pensando en la elección de senadores nacionales de la Provincia de Buenos Aires. No pocos quizás esperaban encontrarse en el aula con las boletas de Esteban Bullrich y Cristina Fernández de Kirchner (de hecho, una Sra. en una localidad del Departamento San Justo le pidió a un político local «la boleta de Bullrich»).

No estuvo la boleta de Esteban Bullrich pero sí la marca Cambiemos, que era lo importante para desterrar para siempre al nefasto kirchnerismo que amenaza al gobierno de Mauricio Macri quien, dicho sea de paso necesita de mas legisladores en el Congreso para, por ejemplo, expulsar a corruptos de la calaña de Julio de Vido (otra genialidad de Durán Barba, haber mandado a montar una sesión especial de Diputados a sabiendas que no le daban los números para tal fin).

Lifschitz no logró el cometido de provincializar la elección de Diputados nacionales «en defensa de los intereses de la Provincia de Santa Fe». Pudo más en el inconsciente colectivo evitar que vuelva Cristina («amenaza» de tan solo el 35 % en el conurbano bonaerense y problema del electorado de la Provincia de Buenos Aires) para que Argentina no se transforme en Santa Cruz o Venezuela (a propósito, ¿ya se normalizó la situación en aquel país?); para ello el «voto útil» debía ir hacia Cambiemos.

Para oponerse férreamente al «modelo neoliberal» de Macri estuvo el Frente Justicialista del Chivo Rossi y Alejandra Rodenas (y en menor medida Pablo Dibert).

El Frente Progresista Cívico y Social cayó en la grieta a la que tanto temía caer y sobre la que advertía Luis Contigiani (exactamente lo mismo le pasó a Sergio Massa en Buenos Aires). El «voto útil» (que seguramente se potenciará el 22 de octubre) tuvo como destinatario a Cambiemos; sea éste a los fines patrióticos de «terminar de una buena vez con el kirchnerismo» ó fortalecer a Mauricio Macri para que lleve adelante las políticas que piensa desarrollar para el bienestar futuro de los argentinos. O ambos a la vez.

Cóctel fatal para la coalición santafesina.

¿Cómo saldrá el FPCyS de semejante encerrona?. Quizás persistiendo en la provincialización de la futura campaña, apelando a la defensa de los intereses santafesinos desde el Congreso; tal vez haciéndole notar al electorado que nunca es bueno que un gobierno tenga supremacía parlamentaria, porque tienta al demonio absolutista, como ocurrió con el cristinismo que tanto se demoniza.

En la Casa Gris barruntan que habría que enfatizar en mostrar los logros de gestión, sobremanera para los sectores productivos, del gobierno de Miguel Lifschitz y la necesaria presencia legislativa nacional para acentuarlos, dejando la «ideologización» de la campaña en manos del Chivo Rossi (para evitar comparaciones dañinas) quien no dudaría en traer a Cristina Fernández si fuese posible para su embestida final rumbo al 22 de octubre.

A 70 días de las elecciones generales el FPCyS seguramente pugnará por levantar su escuálida performance del pasado domingo apelando al modelo de gestión provincial de Miguel Lifchitz y el republicano control parlamentario nacional; Cambiemos apuntará a ratificar la arrolladora elección de las Paso. Y el peronismo de Agustín Rossi erigirse como opción nacional y popular del neoliberalismo macrista.

POR DARIO H. SCHUERI

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